sábado, 14 de enero de 2017

Tú, tan lejos, de Úna Fingal. Reseña de la periodista María de los Ángeles Gutiérrez.


Úna Fingal

Transcribo lo que Playa de Ákaba, editorial con la que escribe, dice de Úna Fingal, puesto que es una información muy completa y, según creo, muy interesante para dar a conocer a la autora.


Es el seudónimo de Isabel Laso (Lleida, octubre 1964).

Vive en Barcelona. Autora de novela y teatro, inicia su trayectoria como directora de escena y actriz, trabajando para teatro, cine y televisión, también como guionista. Diversos textos suyos han sido llevados a escena.

Funda su propia compañía, KathArsis TheAtre, en 2003. Articulista, profesora de Escritura Creativa, conductora de clubes de lectura y editora, son otras actividades que también ha desarrollado. Con La canción del bardo, primera novela de su trilogía irlandesa, gana el I Premio de novela de Playa de Ákaba. Ha participado en el libro colectivo Generación Subway Breve Vol. I (Playa de Ákaba, 2014) con su relato La Claraboya. Es autora de La noche de los fulgores, (Playa de Ákaba 2014); De súbita veritas, (Amazon 2014); La Llibreta del Pànic, (Amazon 2012); Largo Recorrido, (CIKLOS Editorial 2011) y La Última Frontera, (Lulu 2011).

Además ha publicado cuento y poesía en diferentes revistas literarias. Amante del suspense, el conflicto personal y la historia, su campo de investigación se centra en la literatura e historia irlandesa. Fingal (Fine Gall en irlandés, significado "tribu extranjera", p.e. nórdicos) es un condado administrativo de la República de Irlanda, formado por parte del condado histórico de Dublín. Quizás, por ello -le preguntaremos a ella directamente-, su pseudónimo.



Sus novelas son psicológicas, de época, con buenas dosis de misterio, y romanticismo. También gusta de cultivar el relato, y mediante él, es capaz de adentrar al lector en un tenso mundo de realidades paralelas, donde lo imaginario y lo real convergen en una delgada línea difícil de percibir. Es miembro del movimiento literario Generación Subway y de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña.

Tú, tan lejos


La escena se desarrolla en un pueblecito del Pirineo Catalán, en la época de los años 20, siendo los principales protagonistas Eloísa Monfort y Thomas Ward.

Monfort huye de un pasado vergonzante y se reinventa como institutriz de una pobre mujer trastornada, Cristina Barral, siendo recién llegada en un escenario hostil y enigmático en el que todos los personajes son sospechosos de la desaparición de Eva, la esposa del que será el amor de su vida: Ward, el médico irlandés. Eloísa Monfort se verá involucrada en una misteriosa trama que le llevará a descubrir secretos inconfesables, siendo partícipe de una experiencia extraordinaria que la marcará el resto de su vida.


Se trata de una obra diferente, que engloba un conjunto de conflictos personales y familiares, pasiones ocultas y misterios, en la que Fingal emplea una gran maestría en la descripción de los paisajes, invitando al lector a que le apetezca introducirse en ellos.

La novela está escrita con un lenguaje ágil y apetecible, cómodo, digno de proporcionar al lector la facilidad de disfrutar con el único obstáculo del propio suspense bien dirigido, entrelazado con los sinsabores de que es partícipe la protagonista de la trama.



Opinión personal

Personalmente, tengo que decir que es mi primer acercamiento al trabajo de la autora y me ha encantado su forma de narrar y el misterio que consigue mantener hasta el final de la trama.

Recomiendo a todos los lectores que cuenten con esta novela en su biblioteca personal como una obra cercana y entretenida, que invita a leerse de principio a fin.

Puedes adquirirla en papel, al precio de 9,95 €, pinchando en el siguiente enlace.

jueves, 12 de enero de 2017

Reseña de Equinoccio, por Eduardo S. Aznar


Eduardo Sánchez Aznar,
autor de la novela El manipulador de sueños y relatos breves incluidos en la colección Generación Subway, aporta su reseña sobre Equinoccio

Desde una ventana en penumbra, una silueta difusa contempla la calle. La luz platea la copa de los árboles e ilumina la parada del autobús, pero una negrura brillante se enseñorea de la escena y proyecta su fulgor opaco hacia el espectador, atraído hacia esa tiniebla rutilante.

Así es la portada de ‘Equinoccio‘. De las sombras al esplendor de lo negro. Jimena Tierra dirige su mirada hacia el reverso más oscuro de la espiritualidad, hacia el corazón tenebroso de ese universo cerrado que son las sectas satánicas. Para ello vertebra la historia de la novela a través de dos tramas que discurren en paralelo.

Eduardo, el Hurón, lleva mucho tiempo envuelto en las sombras. Carece de amigos y de estímulos que le hagan asomarse más allá de su escritorio, al que le encadenan las oposiciones a juez. Su madre es el único personaje real de ese mundo detenido, y la ventana desde la que observa la calle, su única conexión con el mundo exterior. Pero en la marquesina del autobús aparece Verónica, y Eduardo, ávido de compañía y experiencias que le ayuden a quitarse el polvo de los libros, se lanza en pos de la chica hacia un mundo deslumbrante: deseo, sensualidad, la vida a borbotones… y la consideración de una vida «formal» como inútil, junto a las ilimitadas posibilidades de una moral sin moral.

Muy cerca de allí, el detective Anastasio Rojo sobrevive a duras penas a la desaparición de su hija, muerta en muy sombrías circunstancias. Al borde del abismo, Rojo se aferra a la investigación de su último caso, el suicidio de un joven que pudiera tener la edad de su hija. O la de Eduardo. Tal vez la de Verónica.

Eduardo duda, anclado aún al deber, al recuerdo de su padre, a su madre. Pero el irresistible encanto del lado oscuro lo guía hasta el mismo tren donde Verónica, en vagones luminiscentes, se adentra en un túnel cada vez más negro. Un descenso hacia las profundidades de su propia alma. Por la vía contraria discurre la peripecia de Rojo. El detective se reinventa a sí mismo de sus propias cenizas, del malditismo a que su destino parecía condenarle, e inicia un viaje en sentido contrario al de Eduardo. Desde el abandono más absoluto, el detective descubre los destellos de esa luz que parece brotar de un diamante negro, y que le muestra hacia dónde se dirigen los raíles.

Cuando ambos trenes se encuentran, Rojo comprueba que la aventura de los dos jóvenes es mucho más tenebrosa que la suya. En un esfuerzo que le supera, el desahuciado detective suma aliados para enfrentarse a Seth, el mismísimo rostro de las tinieblas, que atrae a sus acólitos como la luz a las polillas destinadas a la abrasión.

Jimena Tierra atrapa al lector en ese juego de luces y sombras, donde cada encuentro, cada personaje y cada situación abre paso a otra, como las muñecas rusas. La autora huye de la casquería y el susto fácil, aunque sin ahorrar al lector la crudeza en escenas que la autora describe con fidelidad, tras muchas horas dedicadas a documentarse sobre el inquietante mundo de las sectas, atrayentes y destructivas.

La novela responde a los cánones del mejor género negro, con una atmósfera asfixiante y el retrato implacable de una juventud y una sociedad débiles. Pero la mayor virtud de Equinoccio es, sin duda, la integración del lector en sus páginas. Cuando las certezas de Eduardo se tambalean, el lector flaquea con él. La autora consigue elevar la suspensión de incredulidad a cotas inesperadas, hasta interrogarnos sobre la fortaleza de nuestra propia moral, el irrenunciable atractivo del placer sin límites y la eliminación de toda culpa.

Así es como, con una voz propia y una narración trepidante, Jimena Tierra nos enfrenta a nuestro espejo. ¿Hasta qué punto pueden aguantar nuestras convicciones la atracción de las tinieblas? ¿Y si estas se presentan, no entre brumas ni amenazas, sino bajo una capa tan bella como excitante? ¿Y si un día ella aparece en esa parada de autobús? ¿Elegiremos el escritorio en penumbra o bajaremos a la calle? Y, sobre todo, ¿sabremos orientarnos en el resplandor de la oscuridad?



‘Equinoccio‘ es una novela para reflexionar sobre los límites del relativismo moral y el individualismo. Sobre la necesidad de someter a perpetuo escrutinio las ideologías y los liderazgos. Sobre la soledad como la peor y más rápida forma de victimización, de deshumanización.

Una novela para leer, pensar… y temblar.

Puedes comprar Equinoccio pinchando AQUÍ

sábado, 7 de enero de 2017

El vestido de Godiva, de Miguel Hernández García

[Solo en llamadas de emergencia 
asumimos que somos estiércol
nutriendo campos de cicatrices
a punto de germinar...]

Así empieza "Estiércol", uno de los poemas más profundos con que el autor, Miguel Hernández García, nos presenta su obra lírica El vestido de Godiva y en la que, como él mismo dice, su alma cabalga "desnuda, vestida solo con su castidad", despojándose del colorido y la ornamentación para ahondar en el verso libre y realista.
Miguel Hernández García 

He tenido la oportunidad de conocer a este joven autor salmantino a través de Playa de Ákaba. Uno de los primeros colaboradores en la editorial, con una calidad tan perfilada, técnica como humana, es licenciado en Traducción e Interpretación y en Comunicación Audiovisual, con un recorrido profesional ligado a las letras que ha pasado por la traducción, la formación y el periodismo.

En el terreno literario, resultó finalista en el Primer Premio de Poesía Playa de Ákaba con su primer poemario, Catálogo Evaporado, y ha colaborado en multitud de antologías de la editorial, tales como Cuentos de Navidad, Generación Subway Crímenes Callejeros, No me silencies, escúchame, etc. Tiene una entrevista muy interesante en la revista digital de PdA que podéis leer en este link.

Miguel Hernández García no trabaja con seudónimo a pesar de su poeta homónimo oriolano poeta de 1927, precisamente por el orgullo que le supone llamarse como tal y llevar en su interior el mismo fuego. Además, dirige un blog de poesía al que podéis acceder desde el mismo El invierno de las letras http://catalogoevaporado.blogspot.com.es/.

Os invito a reflexionar sobre la respuesta que el autor aportó, en la antología Hablar de libros es bueno, a la pregunta ¿cree que uno de los problemas de la sociedad española, en referencia a la cultura, es que la población se encuentra demasiado focalizada en política, fútbol o televisión?: [... no me parece que sea un problema que la gente ponga su atención en la política o incluso en el fútbol. Al contrario, creo que puede llegar a ser beneficioso. Sin embargo, sí veo que la banalización de esos sectores lleva a la gente a una simplicidad peligrosa y a centrarse en aspectos accesorios. La cultura (si existe un «ente» como tal) ha de hacerse hueco en todo ello, no solo tratando de tener más presencia, sino haciéndola valer cuando llega a tenerla. La literatura, como la música o el cine, han de llegar a la gente de un modo positivo, exponiendo sus bondades y no de un modo forzado que a veces lo que consigue es lo contrario, un efecto disuasorio. ...].

Apasionado de temas variados que le permiten tener una visión amplia de la literatura y, en concreto, muy enriquecedora de la lírica, dirige un blog de letras de canciones desde hace más de diez años http://fitisongs.blogspot.com.es/.


Foto: Ruth Álvarez López

El vestido de Godiva

El autor de obras como Catálogo evaporado o Amorfeo, se adentra en una selección de poemas que le desnudan su corazón ante los lectores.

Con un interesante prólogo de la directora de la editorial y poeta, Noemí Trujillo, que se detiene en poemas espléndidos como Imperativo, Postillas o Destierro, Hernández García cincela frases genuinas e inigualables, como "recubre tu honradez con el tejido / cosido en las ruecas de la conciencia." o "...de un sistema consumido / por la ceguera de la paciencia...". "...El sueño ha encontrado en tus ojos / el terreno perfecto en donde ir a acampar." o "Vive desmadejando / los maullidos extraviados de la noche".

Como podéis leer, a muy grandes rasgos, es un tono personal, distinto, precioso, digno de una lectura sosegada porque cada palabra tiene un significado concreto y, cada poema, un fin. "Vive acostumbrada / a morderle las uñas al hambre. / Rasguños tatuados por noches vacías"

A los amantes de la lírica les recomiendo un libro de alto contenido emocional y social, variopinto y, especialmente, sin ropajes ni abalorios. Miguel Hernández García. Un gran poeta de nuestra generación.

Podéis adquirirlo a un precio irrisorio pinchando AQUÍ.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Una pistola como la de Larra, de Ángel Lara Navarro

Autor

Ángel Lara Navarro (Madrid, 1972), autor de Playa de Ákaba perteneciente a la Generación Subway, ha publicado en las antologías de Cuentos de Navidad, Madrid en Feria, Refugiados y Crímenes Callejeros y, según se proclama, está "en formación, hasta que la muerte nos separe".



Una pistola como la de Larra

Con prólogo de la editora de Playa de Ákaba, Noemí Trujillo, Lara escribe con punta afilada una compilación de relatos con personalidad propia, ligados por un hilo conductor que los entrelaza a modo de capítulos de una novela, y que no es otro que Mariano José de Larra.

En su obra, Lara pone de manifiesto una estructura paralela, que compara los artículos del periodista crítico del siglo XIX con la situación sociopolítica y cultural actual. Mediante un lenguaje cercano, irónico y de narración presente, incide en temas tan diversos y relevantes como el mal funcionamiento de la burocracia y el funcionariado del país, los prejuicios de los mayores sobre los jóvenes y viceversa, la crisis capitalista, la decepción y depresión generalizadas, la picaresca latina de poca monta, el machismo y los protocolos familiares, los programas del corazón atrayendo audiencias, los discursos políticos adaptados a la ideología que deban representar, el sometimiento de la prensa -como cuarto Poder- a la política y la falta de constatación de las fuentes.

Opinión personal

Personalmente, siento debilidad por la vida y el pensamiento de Larra. El movimiento romántico, como se expresa en el prólogo, no se entiende en el siglo XXI del mismo modo que en 1800. En la actualidad, un romántico es un sensiblero, enamorado, tierno, apasionado, delicado. Una de las acepciones de la RAE es "sentimental, generoso y soñador". En el siglo XIX, el romántico luchaba por la libertad de pensamiento y expresión en todos los ámbitos, siendo el suicidio la muerte por excelencia.

He de decir que, como no podía ser de otra manera, la obra me resulta de lectura imprescindible. Los temas son elegidos a conciencia y tratados con la atención y delicadeza que merecen. La narración es accesible y aparentemente sencilla. Sin embargo, conlleva un importante trasfondo que invita a la reflexión. Resulta tan necesaria como acertada considerando el panorama actual, y aconsejo a todos los lectores a dedicarle unos minutos de su tiempo. Asimismo, se puede acceder a las propias explicaciones del autor a través de su entrevista en Castillos en el Aire.

El tono de Lara es tan crítico como el del propio Larra. En ningún caso desfasado, sino todo lo contrario. Sirve de introspección y, al mismo tiempo, ofrece el conocimiento del trabajo de uno de los autores románticos más importantes, desgranando sus propios textos.

Suscribo la reseña La lucidez da en el blanco, como dice Eduardo S. Aznar. Lamentablemente, los temas que aborda son solo la punta del iceberg. 

¡Lo quiero!




La compilación se puede adquirir AQUÍ. Se trata de 92 páginas, editadas por Playa de Ákaba, a un precio de 9,95 €. Todo un lujo.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Reseña de EQUINOCCIO, por Jesús de Matías Batalla


El periodista y maestro en Radio Jesús de Matías (Alcalá de Henares, 1988), autor de Los vesos del destierro, en +LECTORES, me sorprende con esta detallada reseña:

«Con un planteamiento inicial basado en las historias paralelas de Eduardo Yuste (estudiante de oposiciones a judicatura) y Anastasio Rojo (detective privado retirado), la novela ‘Equinoccio‘ (Playa de Ákaba, 2016), de Jimena Tierra, es una apasionante historia ambientada en Madrid en la que el lector vivirá cómo las fuerzas opuestas internas y externas llevarán a los personajes por caminos que no imaginaban, pero que tienen que superar.

Eduardo Yuste es un joven metódico que vive con la única compañía de su madre y los libros, centrados en estudiar las oposiciones. Pero hasta en las habitaciones más cerradas hay ventanas, y a través de una de ellas Eduardo observa durante un tiempo a una chica joven, Verónica, hasta que finalmente se decide a salir corriendo tras ella, cambiando su vida para siempre desde ese momento. Ella le introducirá en el peligroso mundo de las sectas satánicas, en una serie de rituales perfectamente descritos por Jimena Tierra, un universo diabólico que alejará a Eduardo de su cotidianidad y le introducirá en la oscuridad y la peligrosidad de una secta de este tipo.

Por su parte, Anastasio Rojo como detective tendrá que investigar las verdaderas razones por las que un joven llamado Israel se suicidó, en un trabajo encomendado por los padres de esta víctima. Reincorporarse al trabajo será muy duro para el detective, que aún no ha superado la muerte de su hija, pero se verá obligado a hacerlo por las circunstancias. Y si Eduardo tiene un apoyo en su madre, Anastasio lo tiene en la voluntad inquebrantable de su psicólogo, disponible siempre para intentar sacar al detective del agujero negro en el que se ha convertido su vida.

‘Equinoccio‘, que en pocas semanas ya ha agotado su primera edición y ya va por la segunda, es una novela imprescindible para cualquier lector amante de las novelas de misterio y terror, con una buena trama, personajes con perfiles psicológicos muy bien dibujados y con una alta dosis de párrafos que se clavarán en la retina como si fueran una imagen a todo color no sólo de los escenarios, sino también de los estados de ánimo y sufrimientos de los personajes. Unos, como los mencionados Eduardo, Anastasio y Verónica, viven con fuerzas opuestas luchando hasta estar a punto de quebrarse. Otros, como Seth, con un objetivo tan claro que no durarán en hacer todo lo posible o imposible por lograrlo. »




martes, 8 de noviembre de 2016

Cicatriz, de Sara Mesa

«No hay que ceder nunca al impulso primario. Es así como yo lo prefiero».

Acabo el mes de octubre con un sabor agridulce al finalizar el libro. Sara Mesa (Madrid, 1976) consigue desorientarme con una lectura distinta a las que acostumbro, centrada en la trayectoria de los personajes diferentes, pero complementarios, que se conocen a través de un chat literario en internet y que fomentan una amistad simbiótica en la que ambos se aprovechan de las carencias del otro para darle mayor sentido a su rutinaria existencia.

Autora

Sara Mesa ha sido finalista en el Premio Herralde de Novela con su publicación Cuatro por cuatro y Cicatriz ha sido elegido como uno de los libros del año por los lectores de El País, El Mundo, ABC, El Español y otros medios.  Precisamente por ello y por las buenas críticas cosechadas en su último trabajo, es por lo que escojo leerlo en mi primera toma de contacto con la autora.
«Hoy me he acordado de ti. Debo reconocer que me acuerdo de ti con frecuencia. Durante todo este tiempo me he preguntado cómo estabas, qué estarías haciendo. También me preguntaba si pensabas en mí, en nosotros, y en lo que pasó. Yo guardo buenos recuerdos». (Fotografía de Wikipedia)

«Los lectores nos sentimos atrapados por esta fascinante escritura, que es, a un mismo tiempo, oscura y luminosa», dice J.M. Guelbenzu, El País.

Trama

La contraportada lo argumenta como "una historia de amor descompensado", pero personalmente no lo veo así. Sonia lleva una vida de monotonía asfixiante, un trabajo reiterativo alejado de toda creatividad e iniciativa -a pesar de su vocación literaria-, una familia cotidiana poco motivadora, y su nuevo «amigo» es el aliciente que ella necesita para salir de la rutina a la que está sometida y de la que pide a gritos sordos huir. Un aliciente que roza la frontera entre la ética y la legalidad, que le encumbra hasta hacerse sentir imprescindible, dotándole de una incontrolable atracción no continuada que se hace recurrente a lo largo de los años.

De otro lado tenemos a Knut Hansum, el apodo que utiliza el otro protagonista refiriéndose a un famoso escritor considerado como el padre de la novela moderna en escandinavia, y al que tengo cierto «cariño» a raíz de mi artículo Knut Hansum, memorias de un noruego nazi. Desde mi perspectiva, el nick está extraordinariamente elegido por la persona que lo oculta. Hansum es un niño-hombre que no encaja, que tiene una serie de carencias existencial que llena a base de lectura y de la necesidad irrefrenable de robar. Lo de menos es el producto sustraído. Lo vital es la sensación que le transmite el peligro y la satisfacción personal de solventarlo. Su aliciente, como muchos delincuentes, es ser reconocido. Un testigo de vista gratuito e inocuo que le permitirá su autorrealización personal.
Fotografía de wikipedia

Perspectiva personal

La novela me ha gustado mucho, los personajes están muy diferenciados y, a pesar de que no hay una descripción exhaustiva de ellos, el lector sabe perfectamente la boca de quién habla sin necesidad de presentaciones previas. Son protagonistas escogidos con realismo, que no evolucionan y cometen los mismos errores a pesar del paso del tiempo y que son fieles a sus identidades.
Es una trama explicada desde el punto de vista de un narrador omnisciente, en presente, lo que aumenta la frialdad y el distanciamiento con el lector, pero le permite analizar con objetividad el comportamiento de los núcleos centrales de la novela, comprender e incluso justificar el escenario en que están inmersos.

Editorial

Leída en Anagrama, 194 páginas.

viernes, 28 de octubre de 2016

Recuerdos

Fran sabe dónde está la habitación. Abre la puerta y pulsa el interruptor. Hace malabares para evitar su reflejo en el espejo ovalado. Apoya el paraguas sobre la cómoda de madera y se mete en la cama con gabardina y zapatos. Esta será la cuarta noche sin dormir. Lleva a la espalda varios cafés y el miedo a que se le meta dentro. Hay pasos en la escalera. Alguien sube. Apaga la luz y se cubre la cara con las mantas sofocándose por el calor que exhala su propia respiración. Oye el crujido de la puerta. Empieza a tiritar. Se trata de una mujer. Ha estado antes allí. Lo deduce porque los tacones se desplazan a oscuras cómodamente por el dormitorio abriendo y cerrando las gavetas del armario. Si ha venido a robarle no encontrará nada de valor. Que se vaya. Pero que se vaya ya. Ella suspira y le pregunta entre susurros si está dormido. ¿Habla con él? Le ha descubierto. Quizás haya sido el paraguas. ¡Jodido error de principiante! Ha dejado una prueba fehaciente. También ha dejado un arma. Mantiene el silencio concentrándose en los nombres de los dedos de la mano. Los repite una y otra vez aplacando la tensión, aunque no recuerda cómo se llama el más pequeño. Ella abre el cajón de los pijamas. Fran lo reconoce porque suele encajarse y hay que sacarlo tentándolo con ambas manos guardando el equilibrio. Suena a ropa revuelta. La mujer tropieza bruscamente. Casi se cae. Suspira de nuevo y sale del dormitorio. Adónde habrá ido. Fran enciende la lámpara. Se yergue con pulso acelerado y sudoración porcina. Se ha llevado el paraguas. La única posibilidad que tenía de defenderse. Sortea el charco de agua en el parqué y rebusca sigiloso entre sus cosas. Los relojes y las estilográficas siguen ahí. Contiene el aliento. Bajo el joyero que le sirve para organizarlos hay una nota doblada. No la había visto antes, pero el papel está manoseado. Se la acerca a los ojos hasta que distingue letras. Hay una fecha. Han pasado siete años. «Te querré hasta cuando no te recuerde», lee. Está firmada por él. Debe ser él, porque pone Fran. Un escalofrío le calcina como un rayo. Su depredador. Intuye que ya le ha penetrado. Esta vez el cabrón ha sido raudo. De nuevo, los pasos en la escalera. Esta vez son más lentos. Más cansados. Las manos convulsionan tratando de dejarla en su sitio y cae una fotografía. Muestra una pareja. Están cogidos la mano, vestidos de novios. Él sonríe. Una sonrisa natural, espontanea. No la ha forzado para el retrato. Realmente es feliz. Fran se ha quedado tan embobado que no se ha dado cuenta de que está enfrentado al espejo. Da un brinco. Se mira. Horrorizado, levanta la imagen hasta la altura de su cara. Es él. Se acongoja al percatarse de que la mujer está en el umbral de la puerta. Le observa en silencio como una aparición espectral de aspecto melancólico. Se sobrecoge al reconocerla. Está convencido de que es ella. La que le agarra la mano en la foto. Le aborda el impulso incontrolable de chillar, pero su voz se estrangula en la garganta. ¡Sal de mí! Se flagela avistando una tormenta eléctrica en su cabeza. Pero no sale. Nunca sale. Se alimenta de sus recuerdos, cada día más voraz. Lo asume con resignación. Sonríe a la desconocida. Esta vez, sí es una sonrisa preparada. Pero ella se la ha devuelto. Se le aproxima y, con ternura, le ayuda a quitarse los botones de la gabardina húmeda. Él se deja, desconfiado. Examina cada detalle sometido a un vacío atronador. Entonces tiene la certeza de que, aunque no lo entienda, está haciendo lo correcto. Que así encubre a su depredador.