domingo, 23 de octubre de 2016

La luz que no puedes ver

Gracias a mi amigo Pablo Roldán llega a mis manos esta novela tan significativa de Anthony Doerr, ganadora del premio Pulitzer 2015 y, a mi juicio, muy merecedora de ello. La he leído hace tiempo, concretamente en enero del 2016 hacia la llegada de los Reyes Magos o, como dicen en la segunda lengua más hablada después del Chino, Three Wise Men (siempre me ha hecho gracia esta traducción), pero por una serie de sucesos personales y profesionales no he podido compartirla con vosotros hasta ahora, y era de esas cosas que no merecían esperar más.

¿De qué va la novela?

La trama se compone de dos historias que se entrelazan a medida que avanza el argumento. De un lado tenemos a Werner, un muchacho alemán que se ve abocado a participar activamente en la guerra como consecuencia de tener un talento innato en base a la fabricación y reparación de aparatos de radio.

De otro, a Marie-Laure, una joven ciega parisina cuyo padre trabaja como responsable de las cerraduras del Museo de Historia Natural, y que se ve obligada a huir cuando los nazis ocupan la capital llevándose la más preciada joya del centro.

Ambos caminos se entrecruzarán en una trama escrita bajo una caligrafía cercana y preciosista, con espléndidos detalles que le sitúan al lector directamente sobre el escenario, tomando como hilo conductor valores como la bondad y la solidaridad frente a la hostilidad inherente a la beligerancia de toda guerra y, en el caso que nos ocupa, la Segunda Guerra Mundial.
Fotografía de Wikipedia
Contexto histórico

La novela se desarrolla durante la ocupación nazi de Saint - Maló, la joya más brillante de la Costa Esmeralda en la Bretaña Francesa. No creo que debamos catalogarla como novela histórica, puesto que el principal objetivo del escritor es narrar cómo viven la guerra ambos protagonistas desde las perspectivas de sus países de origen, sin llegar a hacer un examen exhaustivo, como tantas otras, de la actuación del Fürher, el Holocausto judío o la división de fuerzas.

La guerra es un escenario en el que se enmarcan sus actuaciones y, como tal, Doerr ofrece pinceladas -que, por otro lado, son fundamentales-, sobre la nueva mentalidad que se gesta en Alemania y que arrastra Werner sin darle opción a decidir, presentándole en situaciones a las que debe adaptarse aun sintiendo que no encaja, de la misma manera que Marie-Laure se ve obligada a huir de París y entablar una nueva vida en Sain- Maló, un paraíso lleno de detalles que saborea exponiendo todos sus sentidos bajo la sombra del temor que imprime la ceguera y la intranquilidad que aporta la desinformación.

Doerr pasa por las «grandezas» de las juventudes hitlerianas y el incendio que vivió Saint-Maló como medios de locomoción que fuerzan el encuentro de los dos niños.

Una vez más, se recalca la gran pérdida que suponen este tipo de conflictos, especialmente en mujeres y niños.

Fotografía de Wikipedia
Anthoy Doerr

Personalmente no le conocía hasta ahora. Es licenciado en historia, autor de libros de relatos como Four Seasons in Rome o la novela About Grace. Sus obras han logrado varios premios, desde el Barnes & Noble Discover Prize, el Rome Prize, el New York Public Library's Young Lions Award o el 2010 Story Prize, entre otros muchos.

En 2007 la revista literaria británica Granta le incluyó en su lista de los veintiún mejores novelistas estadounidenses.
Fotografía de Wikipedia
Opinión personal

Sin duda alguna merece una lectura esta obra maestra que, a pesar de ser extensa, no tiene desperdicio y se lee fácilmente desde una perspectiva nostálgica que no deja de fomentar en el lector la única pregunta que cabe en estas historias: ¿por qué?

Editorial / Precio

La edición en papel, que es la que yo he leído, es de SUMA, al precio 19,90 €. Por supuesto, la podéis encontrar en digital en plataformas como Amazon por mucho menos. Son 658 páginas que presentan una lectura sencilla y accesible a todos los públicos, con grandes dotes de dramatismo.



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viernes, 13 de mayo de 2016

Primera críticas de Equinoccio

Hoy, viernes 13, puedes encontrar la novela "Equinoccio" en Amazon y descargarla de forma gratuita.

¡Gracias por vuestros comentarios!

https://www.youtube.com/watch?v=hwGgnQ3CVAo


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Test literario

Desde hace algunos meses leo un blog literario llamado Hoja en Blanco. No suelo seguir demasiados a falta de tiempo y mis elevadas expectativas, pero éste me resulta, cuando menos, enigmático. Somos lo que leemos. A partir de nuestras lecturas nos damos a conocer a los demás. Personalmente, se me muestra vacía una casa sin libros. En sus últimas entradas responde a un test literario en el que me tomo la libertad de participar, animando a hacerlo a aquéllos que así lo deseen.

1. Los últimos libros leídos: había empezado por recomendaciones ajenas "La historiadora", de E. Kostova. No suelen atraparme las sagas familiares y parece verse abocado a ello entre ajos y mordiscos, así que es un misterio si lo acabaré o no.

2. Libros que cambiarán mi forma de pensar: "La insoportable levedad del ser", de Milan Kundera, del que tengo una reseña escrita en ihistoriarte respecto al mito del eterno retorno.

3. Los últimos libros que me hicieron llorar: recuerdo con especial cariño "Señora de rojo sobre fondo gris", de Miguel Delibes, y coincido plenamente con Isaac Belmar, autor del blog que mencionaba previamente, en que también lloro cuando veo a Belén Esteban en los top sellers.

4. Los últimos libros que me hicieron reír: Tom Sharpe siempre me ha atraído por su humor hilarante, pero sin duda Eduardo Mendoza y "Sin noticias de Gurb" (entre sus muchas historias) es por quien me decanto. Una sonrisa leve para "Yo fui a EGB" por lo que el recuerdo le supone.

5. Libros prestados que no me han devuelto: no dejo libros que me interesen y sepa que no me van a ser devueltos. Si ocurriese, preferiría darlos por perdidos -en lugar de agonizar por su regreso- y comprármelos de nuevo.

6. Un libro prestado que no haya devuelto: me gusta subrayar los libros, anotar a pie de página, escribir mis impresiones, criticar vocabulario que yo no hubiese empleado, reiteraciones o cacofonías, por lo que no tengo libros que no sean míos. Abogo por el concepto de propiedad literaria. Si un libro me interesa, sólo lo pido prestado si lo  puedo devolver. Si no, me lo compro.

7. Un libro que volvería a leer: todos los de Miguel Delibes, puesto que no sólo el trasfondo es importante, sino la cantidad de vocabulario que se puede extraer de ellos. También releería "Los enamoramientos", de Marías.

8. Un libro para regalar a ciegas: ¡imposible! Los libros son como los perfumes, personales e intransferibles. Tengo familiares a quienes regalaría libros sobre la biografía de Miguel Hernández y otros que serían felices con las hazañas de Manolete.

9. Un libro que me sorprendió para bien: "Entre limones", de Chris Stewart. Historia de un optimista.

10. Uno de los primeros libros que leí en la escuela: "Jane Eyre" de Charlotte Brontë, con quien mi profesor confundió con la Biblia. También recuerdo "Edad prohibida", de Torcuato Luca de Tena.

11. Un libro que robé: no hurto libros, pero sí que os ruego cuando voy a casas ajenas y veo alguno que me interesa y que está olvidado por sus dueños. Suelo salirme con la mía más veces de las que espero.

12. Un libro que encontré perdido: no he tenido esa suerte, aunque sí he perdido libros: me dejé de niña toda mi colección de tebeos de Mortadelo y Filemón en el médico y nunca volví a saber de ella.

13. Los autores de los que más libros tengo: Antonio Muñoz Molina, Javier Marías, Miguel Delibes y Eduardo Mendoza. Tiendo a la literatura nacional sin desmerecer a valiosos autores extranjeros.

14. Un libro valioso: por los recuerdos que me evoca y la época en que lo leí, "La teoría de Freud sobre la interpretación de los sueños".

15. Los libros que leo ahora mismo: comienzo "Intemperie", de Jesús Carrasco. Ilusionada ante tan prometedor proyecto.

16. Un libro que prohibiría: toda la literatura es digna de ser leída, independientemente de la buena o mala literatura. Está en cada uno elegir alcanzar el libro que se le ajuste como anillo al dedo.

17. Un libro que llevo tiempo queriendo leer: miles. La vida debería ser más larga exclusivamente por este motivo. "En la orilla", de Chirbes. Varios de Bukowsky y Carver, los cuentos de Chéjov.

18. El próximo libro que vas a leer: creo que tenderé a "La mujer loca", de Juan José Millas.

19. El libro que no leería jamás: no creo que rechace ningún libro en concreto, sólo depende de la etapa emocional e intelectual en que me encuentre. Sí puedo decir que aquéllos que menos me atrapan son los basados en juegos de rol, y aún así he leído la trilogía de "Crónicas de la dragonlance". Ninguno merece ser desechado sin haber abierto sus páginas al menos. Aunque se deje a la mitad, al igual que las personas, hay que rechazar con conocimiento de causa: no por una presentación.

20. Trilogías o sagas preferidas: las novelas negras de Phil Kerr o "Millenium", de Larsson, me gustaron bastante. No ocurrió lo mismo con "Aurora Boreal", de otro Larsson.










jueves, 4 de septiembre de 2014

El pato y la muerte, de Wolf Erlbruch

Hace no mucho tiempo, a pesar de no ser afín a este género literario, tuve la oportunidad de leer un interesante cuento para adolescentes y adultos que no sólo no me dejó indiferente, sino que me dio qué pensar acerca de la dificultad a la que se enfrentan los padres de hoy en día para responder las cuestiones existenciales que sus ingenuos hijos les plantean llegado el momento. Es cierto que había oído hablar de títulos como Las princesas también se tiran pedos (Ilan Brenman), que tratan de romper con los estereotipos fijados sobre la sexualidad infantil en la actualidad, pero hasta ahora no me había aproximado al planteamiento infantil de la mortandad.

Seguramente un psicólogo mucho mejor que yo pueda apuntar que abordar el tema con turbulencias o sembrar temor sobre el terreno de la curiosidad infantil, sino de explicar con naturalidad que el fin de toda creación material es su desaparición. El pato y la muerte, escrito por el contemporáneo y surrealista Wolf Erbruch, era un título tan desconocido para mí como el propio autor. Un escritor conmemorado con premios como el Deutscher Jugendliteraturpreis (1993 y 2003) o el premio Hans Christian Andersen Award para la categoría de ilustraciones (2006), que consigue relatar de forma genuina la relación cuasi fraternal que une a la vida con la extinción, describiendo la muerte como una sombra ligera e insonora que acompaña al pato de forma perenne hasta presentarse a él. 



Me ha resultado genuina y fascinante la forma de relatar el lazo cuasi fraternal que liga a la muerte y al pato, dos personajes que se inician en un diálogo que presenta a un animal temeroso y asustadizo ante la idea de tener la muerte cerca, pero que a medida que va hablando con ella comprende que no es tan temible como aparenta e, incluso ésta deja entrever cierta nostalgia y melancolía en su interior a la hora de afrontar su labor.

Al parecer este autor suele abordar temas de inteligencia emocional y existencial en cada una de sus obras, algo que me parece muy importante dada la información negativa que los medios de comunicación vomitan a diario y que, lamentablemente, ven los niños con independencia de que estén o no en horario infantil.






viernes, 22 de agosto de 2014

Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza

"En Barcelona llueve como el Ayuntamiento actúa: pocas veces, pero a lo bestia." Así comienza la genuina y desternillante historia del alienígena Gurb que, para aparentar un ser humano como otro cualquiera en el planeta Tierra y, más concretamente, en la ciudad condal, escogerá la figura de la cantante Marta Sánchez como la primera de una serie de celebridades en las que transformarse. Gurb se ha perdido en un lugar desconocido para él y al que tratará de adaptarse durante el tiempo que tarde en regresar a lugar natal, lo que le servirá de trampolín al escritor Eduardo Mendoza para desarrollar en clave de humor el panorama social de la capital catalana ubicando a tan sátiro personaje. El narrador del relato, en cambio, no es Gurb, sino otro extraterrestre que ha adquirido la imagen del Conde Duque de Olivares para salir en búsqueda (y no captura) del primero y devolverle a la nave.


La novela, publicada en 1991 por una de mis editoriales favoritas (no por casualidad, sino por acoger a muchos autores que no dejan de fascinarme), Seix Barral, ha sido recomendada en colegios e institutos por su cercanía con el lector y su capacidad de extraerle una sonrisa con misma la facilidad con que lo hace en el asombroso viaje de Pomponio Flato,el Misterio de la cripta embrujada o la aventura del Tocador de Señoras. Sin embargo, no sólo no ha pasado de moda en el 2014, sino que podría ser extrapolada sin dificultad a cualquier adulto que desee pasar un rato agradable "alejado del mundanal ruido" que mentaba Fray Luis de León.

A pesar de haber sido traducida en cinco idiomas, esta lectura no ha sido especialmente galardonada. Pero eso no nos importa en esta ocasión, ya que es uno de esos libros que dejan un refrescante aliento en la boca expuestos con la genialidad y talento de un maestro. El autor de pilares en la literatura española contemporánea como La verdad sobre el caso Savolta (Premio Crítica 1975), la Ciudad de los Prodigios ( Premio Ciudad de Barcelona 1987 y finalista Premio Medicis 1988) y la reciente Riña de Gatos. Madrid 1936 (Premio Planeta 2010) escribiendo Sin noticias de Gurb a través de su Cataluña natal, huye de los mecanismos de expresión tradicionalmente estructurados escogiendo un experimento de redacción a partir de perspectiva paradójica que supone un claro fomento y estimulación a la lectura de jóvenes y no tan jóvenes.

Lectura entrañable, sencilla, ligera y plenamente recomendable para una tarde de agosto, con el alquitrán del asfalto derritiendo las suelas de goma. En especial, para aquellos que a pesar de la gran bola de fuego que flota en el firmamento, aparentemente eterna e indestructible, no consiguen verla y viven en la sombra: tal vez, aunque no les abrase, les anime a disfrutar de un texto placentero y cómico.

jueves, 14 de agosto de 2014

Oh captain, my captain!



Aún recuerdo la sensación que tuve, allá por 1990, cuando me topé con el profesor Keating enseñando literatura a sus alumnos del mismo modo que previamente el profesor Dingle había impartido música en la película Es grande ser joven. Eran tiempos extraños y razonables en los que los formadores eran respetados y admirados por sus estudiantes, en los que los valores eran más importantes que el capital y en los que los individuos importaban más que la burocracia. Tiempos en los que los adolescentes se revolucionaban con claveles y panfletos, eran expulsados de los colegios por proteger a sus maestros (en lugar de por vejarlos), y los profesores tenían vocación por enseñar algo más que la especialidad de su asignatura.



La necesidad de arrancar páginas que tratan de analizar la lírica como una fórmula matemática cuantificable, la apología de la amistad, el descubrimiento del amor, la supervivencia a la muerte y la necesidad de ser uno mismo por encima de las expectativas sociales fueron cuantiosos enigmas que el director cinematográfico Peter Weir incluyó como un agridulce cóctel en el nostálgico Club de los poetas muertos que obtuvo Óscar al mejor guión cinematográfico. El film fue protagonizado por un histriónico actor que, según pensaba, en no muchas ocasiones obtuvo papeles dignos de su categoría, Robin Williams, acompañado de jóvenes promesas posteriormente reconocidas como Ethan Hawke (saga de cine indie Antes del amanecer) o Neil Perry (compañero del doctor House).


Dead poets society nos despertó el sueño latente de aprovechar cada instante a ritmo de gaita dentro un universo tan incómodo como un zapato que roza, a través de una escuela privada, elitista, masculina y restrictiva de toda creatividad ajena al contenido allí impartido. Un carpe diem simbólico y eternamente recurrente por afines y profanos, capaz de traspasar la frontera del celuloide tocando la sensibilidad de los espectadores y evitando no sólo que al finalizar la película quedaran indiferentes, sino invitándoles a rozar inevitablemente el cielo con las yemas de los dedos.



En esta ocasión no fue el libro quien inspiró la película, como suele ocurrir en la mayoría de los casos. No obstante, sentí el irrefrenable impulso de hacerme con la edición española y la escrita en versión original. Esta última impregnada con el característico aroma a papel usado y todos los recuerdos que sobre él pesan.

Lamentablemente, esta semana de agosto hemos amanecido con una nueva maldición del payaso: Robin Williams ha muerto y, según las fuentes mediáticas, se ha suicidado. El alma de éxitos como Hook, La señora Doubtfire, Jumanji y El Indomable Will Hunting, según dicen algunosno ha podido soportar su adicción a las drogas y la depresión que le ocasionaba su enfermedad de parkinson. Otros, simplemente, consideran que la presión de Hollywood, tal y como le ocurrió recientemente al oscarizado Philip Seymour Hoffman (Capote) ha superado su ambición existencial.

Pensándolo bien. Salvo excepciones, estamos ante tiempos extraños (pero no tan razonables) en los que quienes se quitan la vida habitualmente son los que más tienen (Heath Ledger, Amy Whinehouse) y quienes ansían seguir luchando apenas tienen medios. Tiempos en los que, a pesar de acechar la muerte en cada esquina, carpe diem aparenta un eslogan exclusivo de un guión cinematográfico porque sólo un puñado tiene la facilidad de aprovechar el momento sin esfuerzo. La mayoría ha de ganárselo.

jueves, 7 de agosto de 2014

La pandemia de la ceguera

Un ciego y sus ansias de luz,
Erminio Blotta.

Ya en 1912 Unamuno plasmó en El sentimiento trágico de la vida su opinión acerca de que el ser humano, puesto que está condenado a la muerte desde que nace (dejando a un lado la apocatástasis del pensador que sobrepasaría los caracteres de cualquier blog), no es un ser vivo destinado a su fin sino un ente muerto con vida propia. Una mutación menos escatológica pero con el mismo planteamiento que Walking dead, para los denominados Serial lovers. Posteriormente, en una idea paralela, en 1995 el maestro literario portugués José Saramago escribió su retador y difícilmente legible Ensayo sobre la ceguera arguyendo que: "no nos quedamos ciegos, somos ciegos que ven; ciegos que, viendo, no ven".

La filosofía de no ser conscientes de aquello que nos rodea porque nuestros propios ojos son límites en lugar de puertas al mundo exterior fue tan interesante como innovadora. Tanto, que posteriormente el argumento sería inmortalizado en la gran pantalla (2008) por el director Fernando Meirelles con el título Blindness (A ciegas), de la mano de actores cualitativos de la talla de Julianne Moore (mujer del doctor), Mark Ruffalo (doctor), Gael García Bernal (el rey del Ala Tres) o Danny Glover (hombre del parche negro).

Saramago trataba en su manuscrito de poner de manifiesto una sociedad podrida y desencajada cuyos instintos más bajos emergen de una epidemia de ceguera que afecta indiscriminadamente con independencia de sexo, religión y raza y una sola excepción: la mujer de un médico, narradora omnisciente de la historia. Una pandemia que, al más puro estilo del lamentablemente contemporáneo Ébola -y a diferencia de su inevitable mortalidad-, se transmite por el aire y cuyo síntoma definitorio es llorar una especie de leche blanca. Al provocar un temor a morir tan expansivo como el virus y no menos cruel, el Gobierno decide aislar en una prisión a cuantos se ven afectados con ánimo de establecer una cuarentena en aras de la bien conocida por todos Seguridad Nacional. Seguridad que necesariamente justifica los daños colaterales planteados. De este modo, el hilo conductor no será otro que la lucha por la supervivencia en la cárcel en la que están hacinados sin condiciones higiénicas ni alimentarias, constituyendo una metáfora de la sociedad actual que sirve de bandera al refrán "en el país de los ciegos, el tuerto es el rey".


- Soy del tamaño de lo que veo.
- ¿Qué quieres decir, abuelo?
- Te miro sin saber si veo.

Enrique Vila Matas, Extraña forma de vida.

Corren tiempos difíciles en los que, como decía Bukowski, la única diferencia entre una dictadura y una democracia es que en la segunda se establece un proceso electoral. El visionario escritor fallecido en el 2010, a través de personajes sin nombres que nos acompañan en una lectura ardua no sólo por su compleja ortotipografía sino por el profundo mensaje que conlleva, expone la constitución de un nuevo Poder jerárquico y dictatorial dentro del propio recinto en el que están aislados. Lo que hay afuera no importa porque ellos no importan. Las afueras no existen. Las afueras forman parte de la nada. (La OMS pasa a considerar el ébola como emergencia sanitaria internacional).



Dicen las malas lenguas, a raíz de la película Estallido que sirvió de presentación mundial al virus del Ébola en 1995, que las farmacéuticas se están frotando las manos porque son quienes han lanzado el problema e, incentivadas por abismales intereses económicos ajenos a toda ética y moral, van a lanzar la solución. Fernando Meirelles fue galardonado por películas como Ciudad de Dios o El Jardinero Fiel y resulta casual que el argumento de este último film se centre en ensayos ilegales que hacen las empresas farmacéuticas sobre niños nigerianos.

«Sabemos que es un virus que no tiene tratamiento ni vacuna, pero contraer esta fiebre hemorrágica no es una condena a muerte. Hay luchadores que superan el Ébola, dejan atrás el estigma y regresan a la vida normal.» Diario 20 minutos (2012).

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Hace poco pregunté en mi gasolinera habitual por la opinión que les merecía el Ébola y me contestaron preguntándome que si era un personaje de Sálvame Delux. No es más preocupante una infección mundial viral que el virus de desmotivación intelectual por el que estamos infectados y que no hace otra cosa que facilitar a los Poderes Públicos que nos manejen como a reses numéricas en lugar de seres humanos. En la actualidad política las decisiones no se toman por amor, ética o religión. Se adoptan por dinero. (Alerta digital, 2014)

Supongo que no se trata de negociar con términos bien definidos en la RAE como compasión, repatriación o cobardía. La pregunta objetiva y transparente es si está preparada la Comunidad de Madrid para atender casos de epidemias y enfermedades emergentes cuando ni siquiera se adapta a un día de lluvia sin que los accidentes de tráfico se multipliquen. La Comunidad de Madrid. España. Europa. El mundo. Una cuestión que aún está por responder.

«El caso de Pajares es importante y grave, aunque no es una crisis ni muchísimo menos. Debería servir para que los ministerios y las comunidades demuestren que pueden trabajar juntos, y no para escenificar sus errores de comunicación. Después del aceite de colza, la gripe A, las vacas locas y otras alertas, ya deberían saber que la información adecuada es una herramienta sanitaria crucial.» Diario El País.

El miedo es el derecho de quienes tienen algo que perder. Ciegos o no la polémica está servida y ahora, más que nunca, las visiones hemos de dejárselas a Nostradamus y las consecuencias al tiempo. Decía Nicolás Maquiavelo en su tratado El príncipe que "el fin justifica los medios". La Ciencia apunta a que la metástasis destruye y que, en ocasiones, es necesario mutilar. Por mucho que se sufra la pérdida del miembro. Esto no es una hipótesis empírica, sino un hecho. Si los científicos se guiasen exclusivamente por la compasión, la repatriación o la cobardía sin atender a la razón, seguramente no podrían ejercer como tales. El problema es que, para bien o para mal, la mayoría somos de letras. O de Sálvame Delux.